Testimonio:

"Nos echaron de nuestro país."

 

Vinimos por extorsión. Nos echaron de nuestro país. Mi esposo vino a los Estados Unidos originalmente cuando aún era un joven. Y luego, hace ocho años, compró los suministros que necesitaba y dijo: "Voy a Guatemala para establecer mi negocio". Él comenzó una panadería y ni siquiera habíamos abierto nuestras puertas cuando llegaron para extorsionarnos. De lo contrario, no habríamos tenido la necesidad de venir aquí y sufrir con nuestros hijos.

 

Aquí pasamos por el frío, la lluvia, el sol. Es muy aburrido estar aquí sin nada que hacer. Busco trabajo pero no me lo dan porque dicen que no completo las solicitudes por completo y sin eso no obtendré trabajo. Me gustaría trabajar en la limpieza, algo que podría hacer sin perder de vista a mis hijos o cocinar. Sé cómo hacer comida guatemalteca. Pero la comida aquí en México es muy diferente de lo que comemos allí en Guatemala.

 

Aquí la gente vino al centro de ayuda y ofreció algunas oportunidades de trabajo a la gente y mi esposo se fue, pero apenas comienza. Tiene que pagar 14 pesos de la tarifa del autobús para llegar allí y 14 para regresar, que son 28 pesos por día. Y todavía no sabemos cuánto le van a pagar, porque dijeron que depende de lo que produzca, ya que su profesión no está en ese tipo de trabajo, sino solo en hacer pan.

 

Estoy aquí con tres niños. Se han estado enfermando mucho y estoy preocupado porque no se recuperan bien. Por ejemplo, [uno de mis hijos] ha tenido fiebre. Tuvo mucha fiebre durante tres días y tres noches. Lo llevé varias veces al [centro de ayuda] y le pedí que viera al médico. Me dieron medicamentos pero no pareció tener efecto. Entonces Panchito me dijo que fuera al hospital y me trajo allí. Hicieron un chequeo y le dieron medicina y gracias a Dios se siente un poco mejor gracias a la medicina y nuestra fe en Dios. Porque Dios es el único que puede sanar a las personas. Los cuida, los protege de todo, de todo peligro. Simplemente le entregamos nuestras vidas a él.

Estas historias son de personas que llegaron al comedor de la Iniciativa Fronteriza de Kino en Nogales, México, de enero a marzo de 2020. Cada persona no solo dio permiso para que se compartiera su historia, sino que también expresó la importancia de las personas en los EE. UU. prestando atención a ellos y sabiendo más sobre su realidad. Hablan y comparten porque creen que si trabajamos juntos, otro mundo es posible.

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